El por qué no usamos Linux
Jun/090
Existen en variados sabores (formas de presentarse ante el usuario) tamaños y funcionalidades que se integran como un todo dentro de un sistema operativo y van más allá de lo que involucra sólo una plataforma para poder operar un computador.Se autodefienen como de código abierto pues quienes originalmente lo hicieron, dejan abierto el núcleo a todo usuario que esté interesado en mejorarlo a través de las numerosas comunidades que giran en torno a el y generalmente se le identifica con un pinguino como logo genérico (Tux).
También se definen como gratuito de manera un tanto confusa pues proviene erróneamente de la traducción del inglés Free que significa “Libre” y también “Gratis”, (VER ACA) y de cierta manera algunas distribuciones de Linux lo son como el popular Ubuntu de la firma Canonical que incluso te despacha el CD de instalación a tu casa sin cobrarte un peso o el Fedora, el cual ya luego presentará su versión 11 y siempre gratis.
Lo que tiene una distribución que la distinga de otra, se basa principalmente en la plataformas gráficas KDE y Gnome compiten en cuanto a destreza y simpleza para desplegar de manera atractiva los menús, las tareas y funciones de toda distribución de Linux existente.
También las hay de pago como la del fabricante Red Hat, orientada exclusivamente a empresas y entornos corporativos, así como la solución Open SUSE de Novell, que para usuarios domésticos es gratuita pero para las empresas se cobra por su mantención, al igual como lo hace Microsoft con sus licencias de Windows.
Dicho esto a modo de introducción y habiendo vivido Microsoft su peor fracaso en la fabricación de sistemas operativos con su Windows Vista, la mayoría de los analistas e incluso muchos fanáticos de Linux, pensaban que por fin había llegado el momento del despegue. Pero luego de dos años de Vista, sumado a la fuerte crecida del sistema operativo de Apple que se empina cerca del 10% mundial, las distribuciones de Linux a nvel mundial no alcanzan ni al 1%.
¿Por qué?
Básicamente acá hay dos aspectos muy importante que leer con atención y sin apasionamientos. Primero que todo los creadores de las plataformas de código abierto se enfrentan ante una máquina de marketing y de lobby abismante como la que despliega Microsoft pues su política de vender por defecto su Windows en toda computadora que salga de cualquier fábrica del mundo ha dado resultados tan brutales que le permiten estar presente en casi el 87% de todas las PCs del planeta. Con pantallas azules de la muerte como se le dice a Windows cuando se cuelga o bien sus incoherencias para hacernos la vida más fácil, Microsoft ha hecho una tarea muy fuerte que bloquea por todos lados los esfuerzos de mucha gente, de organizaciones para que puedan tener la opción de elegir.
Un PC con Windows de US$500 podría costar US$450 si le sacas la licencia y prefieres usar una versión de Ubuntu por ejemplo, el cual ya incluye un excelente paquete de software incluyendo el Open Office que no es más que la inclusión gratuita de un procesador de texto, un presentador, una planilla de cálculo, un programa de manejo de base de datos, es decir todo lo que por “defecto” nos dicen que es el Word, el Power Point, el Excel y que se vende por separado de cualquier Windows ,por lo que cualquier usuario que decida el camino de la legalidad y elige pagar por un software de Office, deberá sumar a su computadora al menos otros US$150.
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